Viernes 28 de Enero de 2022

PAÍS

1 de diciembre de 2021

Fakes que lastiman

Las tecnologías nos permiten maximizar los rendimientos de las hectáreas que tenemos en uso hoy para evitar que necesitemos incorporar nuevas hectáreas de producción

Por estos días, referentes vinculados al teatro, al periodismo y al activismo de distinta índole fueron convocados por alguna ONG no identificada para grabar y difundir un video que denosta sistemáticamente al modelo de producción y exportación de alimentos que implementa la Argentina desde hace décadas y a las tecnologías de las que se beneficia para maximizar la productividad y cuidar el medio ambiente.

Me sorprendió la virulencia de las agresiones, proporcional a las falacias que intentan instalar. Sobre todo, porque hemos tenido muchas ocasiones para debatir públicamente y nunca nos hemos negado a hacerlo, por redes sociales, en la radio, en la TV y en cuanto medio de comunicación nos fuera propuesto. Lo hacemos convencidos de que siempre podemos aprender del que piensa diferente a nosotros y porque estamos seguros de que la sociedad se merece comprender en primera persona, y sin intermediarios, cuestiones importantes vinculadas a nuestra alimentación, a nuestra salud y a nuestra economía.

Les pido, con humildad y respeto, que reflexionen sobre los móviles a quienes son funcionales estas campañas que quieren instalarse en la opinión pública

Las plantas, como cualquier otro ser vivo, se enferman. Los hongos, los insectos y las malezas les generan toxinas o les impiden alcanzar su máximo potencial. Es necesario curarlas para devolverlas a su ciclo biológico normal. Algunas ya nacen con un alto nivel de inmunización, sea por el mejoramiento genético convencional o porque han incorporado un gen de otra especie que les confiere esa protección (transgénicos). En otros casos, reciben dosis de productos fitosanitarios preventivamente o curativamente recetadas por ingenieros agrónomos que se formaron exactamente para eso.

Las tecnologías genéticas, químicas o biotecnológicas les han permitido a los productores argentinos contar con una herramienta que, en combinación con las buenas prácticas agrícolas, facilitaron en las últimas décadas triplicar la productividad.

Esta eficiencia que logran el trabajo conjunto de la ciencia y la agronomía en manos de productores expertos y responsables le ha permitido a nuestro país incrementar sus exportaciones en la misma proporción y proveernos de los dólares necesarios para que toda la industria pueda importar los insumos que necesita para poder funcionar, crecer y generar el trabajo que necesitamos para reducir la pobreza. El 70% de las exportaciones argentinas son de origen agroindustrial.

Las plantas, como cualquier otro ser vivo, se enferman. Los hongos, los insectos y las malezas les generan toxinas o les impiden alcanzar su máximo potencial. Es necesario curarlas para devolverlas a su ciclo biológico normal

Pero no es sólo eso. Hay un mundo ávido de alimentos que la Argentina puede producir y vender. La población mundial no para de crecer y se incorporan cada año nuevos sectores de clase media en Asia que demandan proteínas que nosotros podemos producir. El mundo no puede seguir usando más cantidad de tierra proveniente de deforestaciones sin afectar el equilibrio entre la emisión y la captura de carbono. Por eso es que las tecnologías nos permiten maximizar los rendimientos de las hectáreas que tenemos en uso hoy para evitar que necesitemos incorporar nuevas hectáreas de producción. Abandonar el uso de semillas mejoradas, fitosanitarios y/o fertilizantes significaría aceptar que la producción de alimentos cayera a la mitad de lo que el mundo produce hoy. Sería como aceptar que comencemos a transitar una hambruna con peores consecuencias que la de una pandemia sin vacunas.

Todos estos productos son desarrollados y testeados por diversas áreas científicas durante varios años. Se los analiza desde el punto de vista de su eficacia pero también de su seguridad para la salud humana y el medio ambiente. Idénticos organismos a los que aprueban las vacunas, y como en aquél caso, también provistos de científicos y técnicos formados en nuestras universidades.

Les pido entonces, con humildad y respeto, que reflexionen sobre los móviles a quienes son funcionales estas campañas que quieren instalarse en la opinión pública. Ciertamente, no son funcionales al respeto de nuestros científicos, ni de nuestros productores, ni de nuestra industria, ni del crecimiento económico que necesita la Argentina para seguir generando trabajo genuino y erradicar la pobreza. Sin las exportaciones de un modelo de alta productividad ponemos en riesgo todo eso.

Entonces, ¿a quiénes son realmente funcionales?

 



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